La capacidad para seducir, manipular o reformar la realidad según los intereses de cada uno son rasgos inherentes a los expertos del engaño

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La prueba de la ‘Q’ desarrollada por Wiseman sirve para identificar a las personas que tienden a emplear la mentira de forma sencilla y rápida. (Corbis)

La capacidad para seducir, manipular o deformar la realidad según los intereses de cada uno es un rasgo inherente a la personalidad de los expertos de la mentira.

La sofisticación a la que pueden llegar sus estrategias para engañar a los demás dificulta la identificación de sus falacias, que además se adaptan a la psicología particular de cada una de sus víctimas.

Los expertos de la manipulación, como los define la psiquiatra francesa Marie-France Hirigoyen, la madre del término ‘acoso moral’, no son esas ingenuas personas que se dedican a negar lo evidente a la par que se sonrojan.

Más bien, suele tratarse de personas que miden las palabras y los tiempos a la perfección, utilizan el juego del doble lenguajese interesan por conocer las virtudes y defectos de sus presas y llevan a cabo el engaño sin apenas inmutarse.

Para el psicólogo británico Richard Wiseman la mejor manera de descubrir a los artesanos de la mentira consiste en separar a las personas en dos grandes grupos: los que sólo están preocupados en cómo los perciben los demás y los que no.

Los pertenecientes al primer grupo disfrutan siendo el centro de atención y adaptan su forma de ser y de actuar según más le convenga para sacar el mayor rédito posible a algo o alguien. En cambio, los segundos actúan anteponiendo sus principios a otros intereses.

Dos grandes tipologías de personas

La prueba de la ‘Q’ desarrollada por Wiseman sirve para identificar a las personas que tienden a emplear la mentira de forma sencilla y rápida. Consiste simplemente en dibujar una ‘Q’ en la frente con el dedo índice.

Si la persona dibuja el rabillo de la letra hacia la izquierda, de la forma correcta para quien lo observe, entonces es que tiene potencial para ser “un buen mentiroso”. En cambio, si se dibuja el rabillo para la derecha, de forma correcta para uno mismo pero no para los demás, se trata de “malos mentirosos”.

El investigador de la Universidad de Hertfordshire cotejó este experimento con un grupo de voluntarios a los que clasificó según los dos tipos de personalidades antes descritas. Por tanto, los que dibujaban la ‘Q’ hacia la izquierda eran aquellas que estaban más pendientes de cómo mostrarse a los demás. Lo contrario de las personas “realmente sinceras”, sentencia el psicólogo.

Las personas con potencialidad para ser buenos mentirosos o manipuladores también lo son para ser “tóxicas”.

Una tipología de personalidad, más abundante de lo que habitualmente se piensa, y que no suelen aportar nada positivo a una relación, ya sea sentimental, de amistad, laboral o, incluso, familiar. Más bien, destruyen cualquier intento de crear vínculos sanos y mínimamente cordiales.

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Suelen generar relaciones tóxicas

Lo más peligroso de estas personas, como advierte el psicólogo Albert J. Bernstein, autor de Vampiros emocionales (Edaf), es que nos roban la energía y apenas nos dejan respirar sin que ni siquiera nos demos cuenta.

Y es que son expertos en entablar relaciones hiperabsorbentes y maestros del arte de intoxicar, como su propio nombre indica. Por tanto, no es fácil identificarlos a primera vista, y muchas veces no reparamos en su personalidad hasta que comprobamos que después de estar con ellos siempre se repiten las mismas sensaciones negativas: agotamiento, frustración, estrés o alivio por estar solos.